domingo, 17 de abril de 2011

Héroes de teclado

Lo reconozco: esto del poder democratizador de Internet, el auge de las redes sociales y el aumento exponencial de su poder de convocatoria me está empezando a saturar. Y esto de que cada semana haya que usarlas para lapidar a alguien, también.
Por lo visto, Buenafuente entrevistó el otro día a la ministra Sinde. Y por lo visto no fue una entrevista cañera, no la puso contra las cuerdas ni empezó a sacarle documentos comprometedores. Dicho de otra forma: Buenafuente le hizo la entrevista que le dio la gana, la entrevista que siempre hace a todos sus invitados y la entrevista que es más coherente hacer dentro de un programa de humor sin otro tipo de pretensiones. Pues nada: a los quince segundos, lapidación popular. Servil, lameculos, enemigo de la libertad y del legítimo intercambio de archivos, patético títere del gobierno socialista y bla, bla, bla. Indignados profesionales que, a golpe de ratón (joder, es que es tan fácil que cuesta resistirse) te resuelven el mundo en 140 caracteres.
La misma sensación me despierta la pueril estupidez del Nolesvotes, que últimamente me acecha por todos lados. ¿En serio no tenemos que votar a esos partidos por la Ley Sinde? ¿Eso es lo más importante (perdón: lo único) que ha ocurrido en España en los últimos 4 años? Y la misma sensación tuve la noche de los Goya, cuando estaba leyendo cosas que me daban la sensación de vivir en una realidad paralela rollo Fringe en la que Carolina Bang acumulaba estatuillas y Bigas Luna era director de cine. Un montón de gente indignadísima clamando contra la censura en TVE, el qué vergüenza lo que hacen con mis impuestos y tal y cual, cuando la cadena había dado sobrada cuenta (imágenes, entrevistas a pie de calle, artículos en la web) de que había una protesta a la entrada. ¿Qué más había que hacer: no retransmitir la gala y dar exclusivamente imágenes de la protesta? ¿De verdad me creo más importante que la gente que de realmente es noticia porque sé poner una almohadilla delante de una palabra?
En fin, que cada uno escriba lo que le dé la gana y emplee su tiempo como considere más oportuno. Que yo soy el primero que se parte cuando ve a Sergio Ramos poner sus inquietudes intelectuales por escrito. Sólo digo que me empieza a saturar esa tendencia de "soy moralmente superior porque twitteo cositas" y me parece peligroso cómo a veces saca el tertuliano que todos llevamos dentro. Y no sé vosotros, pero yo intento sacar del armario lo menos posible a los Sopenas y Miralles que habitan en mi interior. 

domingo, 3 de abril de 2011

domingo, 13 de marzo de 2011

domingo, 27 de febrero de 2011

domingo, 20 de febrero de 2011

El Caso Faisán: contexto histórico

Berlín, agosto de 1944. Agobiado por el desarrollo de los acontecimientos y recién recuperado de un intento de asesinato, Adolf Hitler decide tomarse el fin de semana libre para desconectar un poco. Le pone una excusa a Eva Braun ("tengo que hablar con Hirohito, a ver qué coño están haciendo estos japos") y decide llevarse a Göring al Berghof al grito de "pero no te olvides de traerte el uniforme, tonto, que este finde es sólo para los dos". 
Por su parte, Donald Burgess, un espía inglés desplazado a la capital alemana desde el comienzo del conflicto, consigue enterarse de la cita. Hacerlo no le resultará sencillo: Burgess, escondido en un cuarto de mantenimiento del cuartel general de la Luftwaffe situado justo al lado del despacho del comandante supremo, pone en marcha una complicada técnica de interceptación de comunicaciones conocida en el mundillo del espionaje internacional como "hacer un MacGyver": con un clip, un capuchón de boli Bic (por aquel entonces, sólo un prototipo, ya que el bolígrafo definitivo saldría al mercado un año después) y un vaso de yogur, consigue acceder al contenido de la conversación y decide que se trata de una ocasión única para eliminarlos y cambiar el curso de la historia. Burgess baja al Opencor, se compra un Gewehr 43 y decide salirles al encuentro.
Al día siguiente, Hitler y Göring toman un té en el porche de la residencia alpina, ligeramente despeinados. Escondido entre unos árboles, Burgess tiene al Führer en su punto de mira. Nervioso, pero consciente de que está a punto de hacer del mundo un lugar mejor, se dispone a apretar el gatillo y... Justo cuando está a punto de hacerlo, nota que alguien le está dando toquecitos en el hombro.
- Agente Peter J. Ramiress, del MI6. Queda usted detenido.
- ¿Cómo?
- Sí, sí, detenido. Ha cometido usted una falta grave según la ley británica: utilización de un vaso de yogur para escuchas ilegales.
- ¡Pero oiga, que estoy a punto de matar a Hitler!
- Nada, nada, me da lo mismo. El Reino Unido es un Estado de Derecho y no podemos consentir que se pervierta el uso de los vasos de yogur. ¡Faltaría más!
- ¿O sea, que les parece bien que mate a Hitler pero no aceptan que tenga que usar un vaso de yogur para hacerlo?
- Exacto. Veo que ya lo va pillando, joven. 
- ¿Me deja al menos decirle adiós a Hitler?
- Bueeeeno. Pero sólo porque estamos en un Estado de Derecho. 

domingo, 13 de febrero de 2011

Una opción

Lo de Bélgica. Vale, pensémoslo seriamente: ¿no es una opción? Es más, ¿no es una opción viable? 252 días sin gobierno... y ahí siguen, los tíos. No se han abierto los mares, no se ha desplomado el cielo sobre sus cabezas... ¡Si ni siquiera se han separado! Lo que daría yo por tener una situación así para aprovechar y librarme de un par de comunidades autónomas, ya-tú-sabeh...
No parece una opción tan descabellada. Si Italia ha sobrevivido todo este tiempo a toda esa retahíla de fistros pecadores que han ido pasando por allí e incluso se las ha apañado razonablemente, y si parece que en este momento los belgas siguen también a lo suyo, con sus patatas fritas y tal (tema para otro día: pero qué raros son los belgas, señora) pero tampoco se les ha caído el mundo, pues igual habría que pensarlo. Si es que incluso parece que tampoco nadie les meta demasiada prisa. Y lo que es mejor de todo: ¡las negociaciones discretas! ¡Ah! Imagináoslo: 252 días sin los sospechosos habituales rajando todos los días en esas gloriosas ruedas de prensa sin preguntas [sic], con todos ellos metidos en un despachito día tras día, sin molestar. No sé, pero más les vale a los belgas tener gobierno pronto, porque si no, a muchos nos van a dar muchas ideas.
Ah, y mientras tanto, coincidiréis conmigo en que la desintegración de ETA es inminente: primero, los etarras que se apellidan Pérez, luego el comando Facebook y ahora... ¡etarras fans de Álex Ubago! Ya me estoy imaginando a DJs pinchando Maldita Nerea en los zulos, a etarras fugitivos bajándose el último de Pignoise en sus pisos francos, a cartas de extorsión escritas en libretas de Justin Bieber. Esto se ha acabado definitivamente, muchachos. Buscaos un puto trabajo, como todo el mundo.

domingo, 6 de febrero de 2011

Montar y desmontar

La cosa está fatal. Muy, muy mal. En el mundo real, está cada vez más cerca el momento en el que este individuo dirigirá el chiringuito. Así que uno se dirige al mundo virtual, pero ahí las cosas no están mucho mejor. La chorrada esta del twitter, por ejemplo. Cuando aún no nos habíamos recuperado del tweet más grande de la historia, pasa lo de Vigalondo y después Bisbal se nos mete a analista político internacional. Así que uno dice: bien, resguardémonos en la televisión. ¿Y qué es lo más fácil de ver en el mundo? ¡Series españolas! Pero no, ahí también hay polémica. Cuando escuché que TVE iba a estrenar una serie con el título de La república, puse en marcha el contador para ver quién era el que decía la primera estupidez. Bueno, pues ha sido (¡sorpresa!) el Partido Popular. Hay un fulano que se llama Ramón Moreno. Ramón es del PP y concretamente, forma parte de  la Comisión de RTVE en el Congreso, que es un sitio muy entretenido donde un grupo de señores se juntan un par de veces al mes (vale, ya paro con los enlaces) para montar una merendola y preguntar por qué el otro día en el Telediario hablaron de un partido 0,3 décimas de segundo más que de otro. Bueno, pues a Ramón le parece mal que en una serie que se llama La República y que está ambientada (¡qué cosas!) en tiempos de la República haya un personaje que sea republicano y, lo que es peor, que ese personaje diga cosas de republicanos. Todo esto, supongo, en los 10 segundos en los que se trata el tema, porque, sin haberla visto nunca, no sé por qué me da que esta serie no se centra precisamente en el sesudo análisis político de su época. Ramón, en fin, remata diciendo que además estas series envejecen el target y se queja de que el 30% de los seguidores de la serie tienen más de 64 años. Cabe pensar que Ramón aboga, pues, por rejuvenecer la audiencia recuperando a Pedro Ruiz, a Sánchez-Dragó, a Lina Morgan y a los programas de José Luis Moreno.
Total, que he hecho caso a Ramón y me he pasado a una cadena como Dios manda, Antena 3. Y me he hecho fan (¿no os lo había dicho?) de sus telefilmes lacrimógenos recortados. Coged Antena 3 un sábado por la tarde: ponen tres películas de las suyas. Una a las 16.00, una a las 18.00 y otra a las 20.00. Y a las 21.00 ya empiezan las noticias. Así que para que les entre, recortan la última y así, en poco más de una hora (¡anuncios incluidos!) a Shelly la han violado, la han dejado paralítica, se ha recuperado, se ha enrollado con el médico macizorro que la ha curado y ha rehecho su vida como modelo de éxito. Y no os penséis que el remontaje es sutil: los cortes son a machete. Un momento estás viendo a Shelly con las medias rotas y el ojo morado y al siguiente se corta la música y ya está revolcándose con el doctor, la muy guarra. Hacedme caso: es lo más grande que hay en televisión en este momento. Quizá Mariano coja la idea y de ahora en adelante opte por hacer montajes abreviados de sus entrevistas. Yo se lo recomendaría.